EL OCIO COMÚN Y PERSONAL SE VE MUY AFECTADO POR EL ESTADO DE ALARMA

El domingo 25 de octubre dio comienzo un nuevo estado de alarma en España con el fin de frenar y reducir la nueva ola de contagios de coronavirus. No es un estado de alarma idéntico al de marzo pero igualmente cuenta con muchas restricciones. Cada comunidad autónoma puede imponer las medidas que consideren necesarias y a nivel nacional es obligatorio el toque de queda nocturno y las reuniones de hasta seis personas.

Muchos locales de ocio ya habían reducido sus horarios dada la precariedad de la pandemia e incluso hubo muchos que llegaron a cerrar. Aun así, la simple posibilidad de seguir consumiendo en ellos hacía que la segunda ola de contagios no parara de crecer, por lo que parece que solo el toque de queda podía poner fin a este ascenso desmesurado. El resultante confinamiento que por lo general dura entre las 23:00 y las 6:00 horas, una franja que las comunidades pueden modular según estimen y que en Canarias no ha llegado a aplicarse.

Ante el cierre de los lugares de reunión, muchas personas, especialmente los más jóvenes, por la noche se reunían en las calles o hacían celebraciones en domicilios particulares, lo cual ha hecho de este segundo estado de alarma de 2020 una imperatividad. En teoría, la mayoría de la gente prefiere o está más acostumbrada a trabajar de día para por la noche despejarse y luego dormir, pero como ha ocurrido con todo lo usual, el virus obliga a hacer cambios. Al menos el trabajo se sigue manteniendo activo todo lo posible, aunque es importante acostumbrarse a nuevas situaciones, lo que para muchos es difícil y en consecuencia se han producido varias manifestaciones de protesta.

Es previsible que, dado que el trabajo no se ve muy impedido por el nuevo estado de alarma y es el tiempo de ocio lo que más se ha recortado con el toque de queda, muchas personas se quejen de ello. Son los jóvenes quienes más suelen trabajar durante del día, con frecuencia desde el amanecer hasta el anochecer y ya sea en casa o en otro lugar, lo que supondría que el tiempo libre que les quede tengan que pasarlo en sus propias casas obligatoriamente. La adaptación no siempre es fácil de cara a las necesidades urgentes y al final habrá que esperar cómo se desarrolla la situación general para saber con certeza cuáles serán las reacciones de los sectores más desfavorecidos y el propio virus.

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