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LA CELEBRACIÓN DE TODOS LOS SANTOS SE DEBE A ROMA

El Día de Todos los Santos es una solemnidad cristiana, estrechamente relacionada con la festividad del Samhain celta que dio lugar al Halloween moderno. La conmemoración de los Santos surgió en el seno del catolicismo romano, aunque tendría mayor envergadura por parte de la iglesia ortodoxa bizantina en contacto con el papado de Roma. Se trata de una celebración dedicada a aquellos difuntos que se han santificado tras haber superado el purgatorio, de forma que se les ha otorgado la vida eterna en presencia de Dios.

La fecha de esta fiesta quedó fijada el 1 de noviembre, el día inmediatamente posterior al Samhain. Ello se debe, junto con la influencia pagana, a que los numerosos mártires cristianos tendían a morir en un mismo día, como fue en el caso de la gran persecución del cristianismo por el emperador Diocleciano. Desde la iglesia primitiva, era tradicional conmemorar la muerte de cada mártir, por lo que al final fue elegido un día común para todos. En los primeros siglos de la Edad Media, los papas refundaron lugares de culto y realizaron reformas, lo que conllevó a que el homenaje de Todos los Santos quedara arraigado finalmente en el siglo VIII, cuando el papa Gregorio III consagró una capilla para Todos los Santos en la Basílica de San Pedro.

Su fecha era inicialmente el 13 de mayo, aniversario de la consagración de Santa María de los Mártires, pero Gregorio III la reubicó para el primero de noviembre, lo que se extendió al resto del mundo cristiano ya en el siglo IX. Los Santos se han acumulado a lo largo de la historia y se tenían muy en cuenta para la enseñanza del culto católico, de forma que era esencial consagrarles un día especial para todos aquellos que habían perecido. Desde entonces, la festividad se ha extendido a muchos países del mundo, sobre todo en Occidente, a la vez que cada uno tiene una forma característica de celebrar dicho día, por ejemplo mediante la exhibición de las reliquias de los Santos por parte de iglesias, catedrales y basílicas.

En resumen, para la consolidación de este homenaje fueron decisivos los acontecimientos acaecidos en el I milenio después de Cristo. Las obras papales precedieron a los cristianos que fueron perseguidos por las autoridades de Roma y se refugiaron en las catacumbas hasta el 313, cuando el Edicto de Milán promulgó la tolerancia cristiana; años más tarde, el cristianismo ganaría su oficialidad. De no haber ocurrido todo ello, es probable que no se hubiesen tenido en cuenta a los mártires y que, por tanto, fuese más difícil consagrar una fecha para el homenaje de los Santos.

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