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¿CÓMO ERAN LAS PELUCAS EN LA EDAD MODERNA?

Durante los siglos XVII y XVIII, las pelucas fueron prendas muy características en la moda de los países europeos y sus colonias. La gran esencia de las pelucas es compensar la calvicie, pero en la época de la Ilustración se les llegó a dar un uso más extendido con el que se buscaba alcanzar la perfección de la imagen personal. Las pelucas como prenda prestigiosa fueron introducidas por iniciativa de Luis XIV de Francia y Carlos II de Inglaterra, teniendo en cuenta que gobernaban las dos potencias más dominantes de Europa en la segunda mitad del siglo XVII.

Ambos reyes empezaron a utilizar pelucas porque perdían su cabello, algo que se consideraba una severa vergüenza desde el siglo XVI, cuando enfermedades como la sífilis generaron en las poblaciones un aumento de calvicie. El miedo a ella creció y muchos nobles rápidamente imitaron a los reyes desde las cortes francesa e inglesa hasta el resto del mundo occidental. De esta forma, la popularidad de las pelucas generó un gremio próspero del que se beneficiaron muchos peluqueros.

Las primeras grandes pelucas para varones eran de cabellos largos y rizados; ocasionalmente eran pesadas e incómodas y era preferible perfumarlas para mantenerlas. Más difícil fue cuando el uso de aquellas pelucas se extendió de los actos públicos en los salones a los campos de batalla. Aunque las pelucas mejoraran con el paso de los años, para cualquier alto oficial militar o personalidad política fue necesario llevarlas en público en cualquier lugar del mundo aun soportando los climas extremos de las colonias.

A partir de 1715, para reducir su incomodidad, las pelucas empezaron a empolvarse con harina o cal y dejaron de ser tan largas. Las nuevas pelucas masculinas presentaban volutas o rizos cortos en los laterales y se recogían con una trenza. Sin embargo, estas nuevas pelucas para las mujeres eran más voluminosas y recargadas, por lo que tenían más dificultad por ejemplo cuando viajaban en carruajes. Se trataba de un artificio en la forma de vestir para dar la máxima elegancia y suntuosidad a la aristocracia y en ciertos casos a la burguesía.

El uso de pelucas disminuyó desde los últimos años del siglo XVIII debido a dos factores acontecidos en los países que las impulsaron: la Revolución Francesa y el impuesto del primer ministro británico William Pitt sobre las pelucas empolvadas. Años antes, al comienzo de la revolución de Estados Unidos, el famoso Benjamin Franklin arrojó su peluca al mar, sirviendo de ejemplo del principio del fin de las reputadas pelucas glamurosas. La llegada del siglo XIX vio renacer el pelo natural como parte de la moda, pudiendo la calvicie ser ocultada solo con sombreros, aunque aún quedan vestigios de las pelucas de la Edad Moderna, como es el caso de los jueces británicos que las llevan.

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