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¿CUÁL ERA LA MAYOR POTENCIA EN LA EDAD MEDIA?

La Edad Media fue un periodo histórico en el que en Europa y Oriente se disputaron el poder varios países que en suma representaban las dos mayores religiones del momento: el cristianismo y el islam. Se trataba de dos mundos enfrentados en los que el poder de un único dios estaba siempre a la orden del día. Ello dio lugar a buena parte de las guerras medievales, en especial las Cruzadas.

A nivel general, el imperio del islam, que se se extendió desde Arabia hasta la península Ibérica por el oeste y hasta el río Indo por el este, fue la mayor potencia de la época, teniendo en cuenta sobre todo su amplia extensión y las mejoras económicas que aportó a cada región; unas mejoras que aun en países como España se siguen teniendo muy en cuenta a día de hoy.

No obstante, el sólido imperio islámico se corresponde realmente con la dinastía de los Omeyas, los principales propagadores de la religión de Alá después de Mahoma durante la Alta Edad Media. Sus dominios acabaron dirigidos por naciones islámicas separadas, como los Almohades en la península Ibérica y África o los Abasíes y Ayubíes en Egipto, Arabia y el Levante. Estos nuevos imperios guerrearon con otras naciones, incluidas musulmanas, además de ser intensamente desafiados por los cristianos. Hacia el final de la Edad Media, la primera potencia islámica era el Imperio otomano, que entonces había empezado a engrandecerse.

En el mundo cristiano, el Imperio bizantino fue indiscutiblemente su primera potencia en la Alta Edad Media. Perduró más de mil años aunque no conoció tanta prosperidad como la civilización islámica. De hecho, la ubicación del imperio de Constantinopla entre dos continentes fácilmente le acarreaba tensiones con casi todas las naciones vecinas. Tras el reinado de Justiniano el Grande, Bizancio empezó a perder territorios en todas las regiones mediterráneas, debilitándose poco a poco hasta finalmente desaparecer a manos de los otomanos.

En las Cruzadas, los estados feudales europeos en conjunto superaban ampliamente el poderío de Bizancio. Realmente, la existencia de Bizancio como la gran potencia cristiana se debió a que por entonces toda Europa estaba muy disgregada por los pueblos migratorios que la ocuparon al vencer al Imperio de Roma, para el que el Imperio bizantino inicialmente era un complemento pero pasó a servirle más bien como un sucesor que en la Edad Media no tardaría mucho en perder su poder.

Francia, donde surgió el vasto pero crítico Imperio carolingio que duró menos de un siglo, fue la nación cristiana más destacada en Europa. Se implicó en la mayoría de los conflictos importantes del momento, llegó a ser el país más poblado del continente y ganó influencia cultural sobre el resto de cristianos con factores como el arte románico y el gótico y por algunas de sus ciudades y universidades. La poderosa emergencia de Francia fue desafiada por Inglaterra; ambos reinos acabaron enfrentados en la Guerra de los Cien Años, en la que recibieron apoyo de otros países de su entorno.

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