NO SE ENCUENTRA UNA ESTABILIDAD QUE PERMITA ASEGURAR EL OCIO Y LA HOSTELERÍA

Muchos negocios, especialmente las Pequeñas y Medianas Empresas (PYMES) de entre las que cabe señalar hosteleras y de ocio, siguen buscando desesperadamente una solución para salvarse de la bancarrota a la que se han aproximado o incluso alcanzado por la pandemia del coronavirus. Hacia el otoño la situación no ha mejorado, teniendo en cuenta que el virus continúa arrasando en mayor o menor medida en los diferentes países y regiones.

En Comunidad Valenciana, las restricciones de hostelería y ocio nocturno llevan dos meses en vigor y los ERTE no les han procurado la ayuda para la que negociaron en septiembre; el resultado ha sido el cierre de más de 9.000 locales. Granada, que durante la desescalada llegó a desvincularse temporalmente junto con Málaga del ritmo de evolución general del país hacia la nueva normalidad, ha vuelto a ser este otoño una de las zonas con incremento de casos, casi hasta un nivel proporcional a Madrid. Una razón importante de ello es la condición de Granada de ciudad universitaria, la más popular en el extremo sureste del país.

En el caso de C. Valenciana, la Confederación Empresarial de Hostelería y Turismo (Conhostur) envió a la Conselleria de Sanidad una batería de medidas para tratar de reabrir el sector, pero no hubo respuesta formal por su parte. A la queja de Conhostur también se suma la Federación de Ocio, Turismo y Juego (Fotur), que insiste en que sin un plan de reestructuración no es posible asegurar el futuro de ninguna empresa y se estiman pérdidas de hacia 53,9 millones. Por su parte, el Ayuntamiento de Alicante promete una reducción de tasas de hostelería y ayudas a los alquileres, indicando el alcalde Luis Barcala medidas como la posibilidad de los pubs de pedir licencia de cafetería.

Cada comunidad o provincia en España ha debido implantar sus propias medidas en el esfuerzo por retener el virus que a nivel mundial está rebrotando. Aun así, es inevitable generar controversia entre las entidades sociales, empresariales y políticas dada la dificultad de conseguir acuerdos que garanticen la seguridad pública. A nivel general se ha extendido en todo el mundo la apuesta por los negocios alternativos para aquellas empresas que no pueden permitirse mantener sus negocios habituales ya sea por escasez de presupuesto o por la facilidad de contagios. Sin embargo, no parece ser suficiente para reponer las caídas y lo único por lo que parece posible apostar es por la subsistencia.

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