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¿POR QUÉ LA DURACIÓN DE LAS BATALLAS SE ALARGÓ?

Durante mucho tiempo, las batallas duraban un día, raramente ampliándose más tiempo, pero para el siglo XX se habían prolongado enormemente

Desde la Edad del Bronce hasta el siglo XIX, la mayoría de las batallas, o sea, las confrontaciones bélicas que implicaban contacto directo o casi directo entre los combatientes de los bandos enemistados, tendían a durar un día. Muchas de ellas a lo largo de la historia han sido terrestres y navales, mientras que las aéreas solo tienen un siglo de historia, pues la aviación se empleó por primera vez para el servicio militar en la Primera Guerra Mundial. Con el paso del tiempo y con las tácticas y estrategias llevadas a cabo por las diferentes naciones de la historia, las diferentes batallas libradas en cualquier época han conocido muchas dimensiones.

Se deben tener también en cuenta cinco preceptos que son muy importantes en los ejércitos participantes: el terreno, que dependiendo de sus características puede procurar ventajas y desventajas; el armamento, cuya calidad puede ser muy determinante a la hora de efectuar golpes; el alto mando militar, usualmente encabezado por un general y cuyos planes y decisiones son esenciales para una buena estrategia que permita vencer; la disciplina de las tropas y la moral del ejército, que eran los grandes requisitos para que el contingente tuviera la fuerza y ánimo necesarios para ser eficaces.

Estos preceptos con el tiempo fueron cobrando mayor trascendencia, así como la organización de las fuerzas militares en agrupaciones que procuraban mayor resistencia como las divisiones, regimientos o cuerpos. Los países más desarrollados, muy aventajados por la experiencia histórica y la industria, mejorarían todos estos aspectos, sobre todo la organización llevada a cabo por el liderazgo y en un cada vez mayor número de soldados. Así sería cómo a partir de mediados del siglo XIX los combates se fueron ampliando por más de tres días hasta durar semanas o meses.

Las batallas entonces se dividirían en fases según las ofensivas y contraofensivas, que eran más numerosas en un mismo lugar, lo que también generaría batallas subsidiarias de menor envergadura comprendidas en un mismo ámbito de combate. Las confrontaciones que se prolongaban más habitualmente desde la Antigüedad eran los asedios o sitios, en especial por las murallas que cercaban a las poblaciones antiguas y que dificultaban los combates entre los bandos. Si las batallas más recientes se vieron muy prolongadas, los asedios se extendieron mucho más que las confrontaciones directas, como es el caso del sitio de Leningrado, que llegó a durar 900 días.

Si de alguna forma se pudiera mantener la duración de las batallas limitada a como mucho tres días, eso hubiese sido posible solo de dos formas. Una de ellas sería mantener acuerdos internacionales en los que la limitación de batallas a días fuese una ley que no se debiera transgredir. La otra opción, compatible con la anterior, sería la reducción de la ciencia y la industria bélica a costa de no incrementar el potencial de armas como la artillería pesada, las bombas, los vehículos blindados y mucho menos utilizar la energía nuclear. De haberse cumplido estas dos alternativas o una de ellas, seguramente se podrían haber evitado las guerras más catastróficas vividas en el siglo XX.

Desde un punto de vista realista y sobre todo por los acontecimientos, no fue posible que se pudiesen establecer estas dos medidas. Las tensiones entre países eran muy persistentes, la industria y la ciencia habían avanzado mucho y sus utilidades en la guerra podían asestar terribles golpes, lo cual interesó a muchas personas, como en los gobiernos o los grupos insurgentes, de forma que, para evitarlo, no habría mucho que hacer.

En los años treinta, Alemania se recuperó económicamente destinando buena parte de sus recursos al esfuerzo militar, pero a costa de violar muchas leyes y acuerdos. De este modo, aunque la limitación la industria bélica y de las ofensivas hubiesen sido decretadas como leyes internacionales (no solo alemanas, ya que para Alemania sí estaba prohibido reforzar sus ejércitos según el Tratado de Versalles), los nazis las habrían quebrantado igualmente.

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