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LOS TATUAJES PROVIENEN DE LOS PUEBLOS MÁS ANTIGUOS

Aunque parece símbolo de modernidad, el tatuaje como obra artística en el cuerpo humano tiene miles de años de existencia. Algunos de los primeros registros que existen de ellos se encuentra en el antiguo Egipto del III milenio antes de Cristo, además de en las zonas de la frontera euro-asiática y los Alpes, con origen en el Neolítico. Otros referentes históricos muy destacados son los de orientales, que se utilizaba para identificar a los criminales en Japón, mientras que en China tenían fines más decorativos.

En muchas culturas nativas asiáticas y americanas, el tatuaje formaba parte de los rituales celebrados para con los difuntos, de forma que se pudieran reunir con los ancestros y los dioses. Fue la religiosidad extrema de la Edad Media, sobre todo la católica, lo que procuró en los tatuajes una reputación de abominación y repudio. No obstante, los muchos viajes que emprendieron los europeos a nuevos continentes e islas les permitieron descubrir el fenómeno del arte corporal. Cabe resaltar que los marineros solían llevarlos, pues ellos fomentaron la cultura del tatuaje al haberlo visto como costumbre en los muchos pueblos de todo el mundo con quienes establecieron contacto.

En la Edad Moderna, el descubrimiento de tatuajes más importante fue realizado en el siglo XVIII por colonos británicos en Polinesia, donde se caracterizaban por un diseño geométrico muy elaborado y por la representación del estatus o poder de quien los llevara. En este contexto, uno de los exploradores más sobresalientes fue el inglés Thomas Cook, a quien bien puede debérsele la introducción de la nueva concepción del tatuaje en el mundo occidental.

La influencia de pueblos polinesios como los maoríes en el llamado resurgimiento del tatuaje fue tal que de ellos proviene el término “tatau”, que significa ‘marcar algo’ y que designaría el término anglófono popular de “tattoo”. En Estados Unidos, el uso del tatuaje se extendió enormemente desde la Guerra de Secesión, siendo Martin Hildebrandt, quien trabajó para ambos bandos, el primer tatuador moderno. Posteriormente, en 1870, Nueva York tuvo su primer estudio de tatuajes y, en 1890, Samuel O’Reilly inventó la máquina de tatuar.

El resurgimiento del tatuaje tuvo su cenit en los años sesenta y setenta, estableciéndose como una forma de libre expresión que se mantiene con un gran auge hasta nuestros días. De haberse mantenido el teocentrismo medieval o las convicciones más estrictas, en Europa nunca se hubiese aceptado el tatuaje, que en consecuencia habría sido una obra única de culturas en su mayoría poco desarrolladas. Era un arte practicado por muchas civilizaciones de todo el globo, aunque los descubrimientos por mar desde Occidente permitieron su conocimiento y popularización en el mundo desarrollado. De no ser por ello, muchos países no conocerían bien este arte ni podrían adaptarlo a sí mismos.

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