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LOS PIRATAS IBAN A CREAR UNA REPÚBLICA A SU ESTILO

La edad dorada de la piratería se corresponde con buena parte del siglo XVII y el primer tercio del XVIII, cuando los nuevos descubrimientos hicieron florecer el comercio transoceánico y las exploraciones por mar se multiplicaron. Por entonces, muchas personas vivían empobrecidas en míseras condiciones de vida, por lo que decidieron convertirse a la piratería ante el deseo de hacerse ricos y vivir más libremente sin tener que estar sometidos a las potencias dominantes.

Estos piratas eran su mayoría sirvientes y marineros europeos sin recursos (los primeros fueron ingleses y holandeses), nativos americanos y esclavos fugados. En torno al mar Caribe, varios piratas de todas las condiciones congregaban en tripulaciones que, de forma democrática, elegían un capitán por barco. En sus primeros tiempos, su objetivo más cotizado eran las naves españolas cargados de oro y otros tesoros. Sin embargo, conforme nuevas potencias iban ocupando las Américas y las Antillas, los ataques piratas se centraron también en los puertos.

Países como Gran Bretaña contrataron a piratas como corsarios, de forma que éstos, bajo la protección de la realeza, podían atacar barcos y puertos enemigos. No obstante, esto hizo que fuese difícil distinguir a los piratas puramente delictivos de los piratas oficiales que contaban con autorización. Para el final del siglo XVII, los colonos británicos y franceses habían ocupado todas las Antillas menores, de modo que los piratas se establecieron en las Bahamas, donde crearon refugios estratégicos.

Nasáu fue la base pirata más importante en las Bahamas. En plena Guerra de Sucesión Española, la ciudad fue tomada en 1706 por corsarios ingleses que convirtieron su gobierno en anarquía. Acabada la guerra, muchos marineros se vieron desempleados y el nuevo control comercial británico no mejoró su situación, por lo que muchos no dudaron en convertirse en piratas y guarecerse en las Bahamas para, desde allí, atacar y vivir prósperamente. Así saltaron a la fama personajes como Barbanegra, Charles Vane y Anne Bonny.

Aunque vivían en anarquía, tenían un código de conducta muy importante y pretendieron utilizarlo como documento legal para gobernarse a sí mismos. El número de piratas se había ampliado enormemente y parecía que el siglo XVIII iba a conocer el nacimiento de una república pirata, pero no fue así. Las fuerzas navales europeas se prepararon para dar caza a los piratas y lo consiguieron; el punto de inflexión llegó en 1718, cuando Nasáu fue recuperada por el Imperio británico. Sin una base segura, los piratas perdieron su estatus y muchos acabaron ahorcados.

Los antiguos cazadores empezaron a ser cazados con creces, los barcos de tesoros ya no tenían tanto valor y los que evitaron la ejecución escaparon a las costas occidentales de África. En efecto, la decadencia de la piratería caribeña fue inmediatamente posterior al apogeo de los corsarios en las Bahamas. Habían recibido mucha población y les era fácil enriquecerse, pero si querían mantener la república pirata que en la práctica solo duró doce años, tendrían que haber fortalecido el archipiélago.

Si los corsarios de las Bahamas hubieran contenido a los imperios coloniales defendiéndose como una nación única basada en un orden opuesto al absolutismo de Europa, habrían constituido un significativo hecho de carácter revolucionario similar a la independencia de Estados Unidos. Probablemente se interesarían en fomentar una ideología anárquica que difiriera del orden europeo y que tal vez se aproximara al anarquismo de Mijaíl Bakunin del siglo XIX. Pero la realidad fue que, aunque vivían muy cómodamente, carecían de la disciplina mínima y, sin una estructura sólida que los englobara a todos, no pudieron resistir las persecuciones contra la piratería.

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