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¿POR QUÉ ÁFRICA HA TENIDO MÁS ÉXITO EN LA LUCHA CONTRA EL CORONAVIRUS?

Cuando comenzó la pandemia del coronavirus, muchos temían que África fuera el continente más golpeado. Los sistemas sanitarios infrafinanciados y frecuentemente colapsados pronosticaban unas cifras altísimas de contagios y muertes. Pero finalmente, quizá de manera sorprendente, no ha sido así. A 30 noviembre, el continente africano suma poco más de 2 millones de casos, frente a los 15,5 de Asia, los 18 de Europa y los 26,8 de América. La población africana representa el 17% de la población mundial, pero solo ha comunicado el 3,5% de los decesos por coronavirus desde que estalló la crisis sanitaria. ¿Cómo es posible?

La edad media de los habitantes de los países africanos es sensiblemente inferior a la de los Estados de Europa, América y Asia. En Kenia, por ejemplo, han fallecido 1.474 personas. Teniendo en cuenta que la edad media del país del cuerno de África apenas llega a los 20 años, y que, como todos conocemos, la mortalidad es mucho mayor en las personas mayores de 65 años, la explicación más racional y factible es precisamente esa: la población joven no sufre los efectos más graves de la enfermedad, y gracias a dicho factor África ha logrado mantenerse en unas cifras de fallecidos menores a otros lugares del planeta.

Pero no solo existe la variable de la edad en la lucha contra el coronavirus. Expertos de la Academia Africana de Ciencias presentan otras posibles razones. Un factor clave y que a muchos les habrá rondado la cabeza al pensar en África es la falta de datos fiables y las dificultades en el diagnóstico. Al principio de la crisis, el registro de muertes y la realización de pruebas fue paupérrima. Es posible que muchos fallecimientos relacionados con el Covid no fueran anotados como tal, de manera que las cifras no serían exactas. Este problema se ha ido corrigiendo con el tiempo, especialmente gracias a China, que ha enviado personal y equipamiento sanitario a numerosos países africanos (los cuales son importantes aliados en la expansión internacional del gigante asiático).

Otros factores que se tienen en cuenta para explicar este fenómeno aluden a razones climáticas y de preparación frente a otro tipo de epidemias. Por un lado, las altas temperaturas y la humedad perjudican la transmisión del virus, al menos más que en climas fríos y secos. También hay razones genéticas y de vacunación (la vacuna contra la tuberculosis que reciben todos los africanos recién nacidos parece tener efectos positivos a la hora de contraer el coronavirus).

Por otro lado, África es un continente que se ha visto expuesto constantemente a epidemias de enfermedades como la malaria y el ébola. Las medidas de prevención están bastante asentadas en la mayoría de países: lavado de manos, etc. Esto se añade a la dispersión social (a pesar de que hay importantes núcleos urbanos como Lagos, en Nigeria), ya que la mayoría de la población vive en lugares apartados. Hay países en los que llega a haber un porcentaje de población rural que oscila entre el 70 y el 80%, principalmente en el Sahel.

Sin embargo, África tiene un reto por delante en los próximos meses: la vacunación. Ya han aparecido Estados desarrollados —como España— que se han ofrecido a enviar una parte de sus fármacos al continente. Lo difícil, no obstante, puede ser la distribución y la conservación de las vacunas. Los sistemas sanitarios están bastante atrasados en una gran cantidad de países, algo que puede complicar en gran manera las campañas de vacunación. Además, esa dispersión social característica de África puede dificultar que la vacuna llegue a un gran porcentaje de la población (condición necesaria para el éxito o fracaso de éstas). La suerte que corran las vacunas en el continente marcará el futuro de la pandemia a nivel global.

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