LA PRECARIEDAD LABORAL OBLIGA A UN RIDER A ESTUDIAR EN EL SUELO BAJO LA LUZ DE UNA FAROLA

Desde el pasado 21 de febrero empezó a viralizarse por las redes una foto de un joven estudiando bajo una farola. A su lado estaba apoyada su moto con una mochila con el logo de Glovo. El rider aprovechaba el tiempo entre pedido y pedido para leer su libro.

Algunos usuarios calificaban de ejemplar y admirable la actitud del trabajador plasmada en la foto, pero para la mayoría era un fiel reflejo de la realidad de estos trabajadores, pura precariedad.

La foto empezó a rular por Facebook y cuando llegó a Twitter, comenzó el debate. Las polémicas que envuelven a las empresas como Glovo o Deliveroo son cada vez más abundantes. Las condiciones en las que trabajan sus empleados son pésimas y las remuneraciones no se corresponden con el esfuerzo que tienen que hacer a diario. Los riders, nombre con el que se conoce a las personas que trabajan para estas empresas llevando envíos con sus motos o bicicletas a los domicilios de la gente que haya pedido comida u objetos desde su casa a través de una aplicación.

La dinámica de trabajo de los riders consiste en salir a la calle con su vehículo y esperar a que la gente haga pedidos. Se dirigen a los distintos establecimientos, recogen los productos y los llevan al domicilio. Por cada pedido, que puede llegar a suponer 1 hora de trabajo, los riders solo obtienen entre 2 y 3 €.

Además las condiciones de sus contratos decantan también precariedad e inestabilidad. Es por esto que estas empresas siempre están en el punto de mira.

La foto que volvió a mostrar esta realidad muestra a un joven que entre esos descansos entre pedido y pedido, que a veces son muy extensos, aprovechaba para leer un libro sentado en el suelo bajo la luz de una farola a las 9 de la noche. 

El texto original que acompañaba a la foto publicada por su autor decía: “A las 21:00 horas de la noche un joven espera alguna llamada de ‘Glovo’ para entregar algún pedido a domicilio. Y mientras tanto, sentado en el suelo estudia a la luz de una farola. Estuvo estudiando casi 20 minutos hasta que le entró un pedido. Mientras unos rompen escaparates, saquean tiendas y destrozan las calles en favor de un delincuente reincidente; otros buscan la forma y sacan tiempo de donde sea para labrarse un futuro prometedor.”

El “futuro prometedor” del que hablaba el autor fue el foco de debate en redes, ya que, precisamente para que el joven pueda tener un futuro, tiene que compaginar sus estudios con un trabajo que le roba gran parte de su tiempo sin recibir las convenientes remuneraciones.

Esta imagen es simplemente una de las muchas realidades que se esconden detrás de las empresas con repartidores o riders, que por ganar algo de dinero tienen que hacer grandes sacrificios.

María Gil Menéndez

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