Arte y tecnología en Hereditas, la última colaboración de Insight con el artista Gonzalo Borondo

  • Hereditas revela una línea histórica en la que el pasado es lo más real ya que el presente ya está pasando y futuro es impredecible
  • La exposición cobra vida gracias a la sincronización de sonidos e iluminación
  • Se trata de un reto inmersivo con el sello del artista, Gonzalo Borondo

Insight ha colaborado con el artista Gonzalo Borondo en la instalación, control y regulación de iluminación de las diferentes instalaciones en su nueva exposición Hereditas en el Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente en Segovia, un entorno palaciego que mandó construir Enrique IV, un escenario único en el que poner todo a prueba a través de los sentidos.

No se trata de una exposición más al uso, sino que Borondo crea la necesidad de interactuar en los cuatro capítulos de recorrido con el visitante, pasando por el reino vegetal, mineral y animal en los tres primeros como homenaje al patrimonio natural para llegar al cuarto, el éter, que es el que hace la veneración al necesario cambio cultural. Todo ello recuperando esculturas, trozos de yeserías, hornacinas y demás testimonios originales del pasado.

Inmersión en el recorrido gracias a la tecnología en iluminación de Insight

Al entrar de lleno en Hierba, dentro del reino vegetal, las imágenes proyectadas en efecto 35mm de películas vintage de la época dan protagonismo a su retablo, inspirado en una iglesia cercana al propio museo. Es gracias a la iluminación como se realza el propio retablo en la unión de lo profano y religioso con la recreación de una iglesia.

Dos vitrinas desvelan, gracias al control de luz, un bucráneo entrelazado con vegetación (“Ara Pacis”) y una vela cuya llama parece caer por el efecto de la luz con el cráneo de Adán (“Vanitas Vanitae”).

Es la parte de reino mineral, Piedra, donde la iluminación con alto índice de reproducción cromática ilumina los latones a través de un haz de luz que permite resaltar sus reliquias, proyectar la luz en las yeserías o las esculturas de piedra que respiran por la magia tecnológica, manteniendo la obra viva hasta llegar a la holografía de una escultura de la mujer muerta de Segovia.

En Carne, el tercer capítulo, un pasillo estrecho y oscuro iluminado por bombillas vintage de anticuarios coordinan la luz con el sonido de una campana dando impresiones momentáneas con un espejo en el que se refleja el visitante. Pero no es hasta el final cuando el control de la iluminación se hace imprescindible en su juego entre los sonidos de la campana y los cuadros.

Hora de cerrar los capítulos con Éter, el cuarto y último que habla de ese mundo efímero, intangible e inexplicable y que gracias a un control basado en DMX, que habitualmente se usa en espectáculos, llena de velocidad y movimiento a la obra cumbre: un Cristo que parece en movimiento.

Es la unión misma de lo sagrado y profano, todo ello a través de la luz, con imágenes proyectadas gracias a un espacio en negro con vidrios contrapuestos y donde el timing, la intensidad, el fade de entrada y de salida, el tiempo de espera de la iluminación, no sólo potencian sino dan relevancia a lo importante: la creatividad y la obra del artista.

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